Millones de niños y niñas se ven envueltos en conflictos de los que no son simplemente testigos, sino, el objetivo. Algunos caen víctimas de un ataque indiscriminado contra civiles, otros mueren como parte de un genocidio calculado. Otros sufren los efectos de la violencia sexual o las múltiples privaciones propias de los conflictos armados que los exponen al hambre o a las enfermedades. Igualmente chocante resulta el hecho de que miles de jóvenes son explotados como combatientes.
Cada día hay niños y niñas que ven su futuro truncado porque pierden su infancia para convertirse en soldados. Al igual que otros menores afectados por conflictos en todo el mundo, son víctimas inocentes de las atrocidades de la guerra. Sin embargo, para ellos el regreso a su vida y la recuperación de su infancia es tan difícil que puede parecer casi imposible. Algunos de ellos pueden haber sido secuestrados o reclutados a la fuerza; a otros los ha impulsado a unirse a estos grupos la pobreza, los malos tratos y la discriminación, la presión de la sociedad o de los compañeros, o el deseo de vengarse de la violencia ejercida contra ellos o sus familias.

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